Los cuerpos sobran; pesan el doble... Y las manos? Estorban. Solo sirven para apartar ese mechón de pelo que actúa como cuando se pone el milimetro que le falta a la balanza para que se colme. Agobiante... con impaciencia deseas que ese calor acabe y que llegue el momento de calmarlo. Al rato, justo cuando piensas que no vas a poder más te dan la noticia; nos vamos ya! Un suspiro alivia ligeramente esta angustia. Y empieza el camino...

Después de tanto acongojo viene la calma, kién puede pensar q la ruborización es medible, los nervios se te congelan pero sigues caliente y el peso es harto, sin respiración alguna hasta q x ruego absoluto y juego de miradas dan el break a ese tan anhelado paso crucial.
saludos,,,